sábado, 29 de septiembre de 2012

Invasión de inocencia





Sobre las cenizas raspadas de pobreza, la tapa de un ventilador es la sartén  que mece el plato de cada día. Detrás, las telas visten la esencia de una tierra virgen y el secado de las prendas se camufla con el aroma de un verde natural. 




Lo demás anda desnudo y nutre de inocencia las pisadas descalzas de un niño, que danza al ritmo de los vaivenes de la tierra. Una tierra que no conoce de nombres, ni de patrias, ni de fronteras. Anónima en la unión de quienes las componen, pero renombrada en los vínculos de quienes la cultivan. 



Junto a las playas de Salgar hay un caserío de invasión. Gente que huyó de la guerra y en el camino crearon sus hogares. Se refugian en la oscuridad de lo que sólo sus sentimientos conocen y las tejas de madera, confundidas con la arena, son el hospedaje y la cuna de una sonrisa. 



Lejos de la urbe que asola las ciudades, el contraste selvático se impone frente al ladrillo que ya construye, como veneno sin remedio, los cercos de nuestra propia cárcel. Tras el muro, una mirada intimida la presencia de los invasores, extraños y mercaderes que un día desplazaron a gente inocente obligándola a aprender a vivir presa de su propia libertad.





La belleza de la sencillez está en saber descubrirla. Los argumentos son un pretexto para encontrar ese cruce de miradas en el destello de un juego infantil, ajeno al que mira.
La belleza se hizo verde sobre columnas grises. El atardecer fue sorprendido por la cándida luz del porche. Y las almas que lo albergaban durmieron en la serenidad de la noche. 





Dale a un niño una pelota y míralo mover el mundo. Todo lo que les rodea pierde importancia. Corren descalzos, sucios, felices, dejan atrás el circo de los hombres. Ahora tienen su propia pelota, que brilla como un sol.



El marco azulino se confunde con el mar que desemboca en el abrazo curtido de un patriarca y en la piel jazmín de un recién nacido. Los ríos son las vidas que van a parar al mar. Donde nacen, donde mueren. 


1 comentario: